El miércoles, aprendí lo sano que
es saber decir "adiós"...no es que no lo sepa, sino que el 99% de las
veces dije "adiós", cuando ya había acumulado demasiado daño...
Siempre sabemos cuándo decir
"adiós"... pero insistimos en sostener, alargamos el final... ¿para
qué?¿ por esperanza? ¿por necesidad?¿ por "peor es nada"?... ¿qué tan
sano es sostener ó alargar? Por dentro, sabemos, ahí dentro... en el corazón
sabemos qué hacer, la razón insiste en alargar, pero eso sólo nos trae mayor
sufrimiento, perdemos tiempo, hacemos supuestos, evaluamos opciones, y
desatamos una cadena de hechos y sucesos desafortunados, patéticos, mediocres y
desesperados, que nunca resolverán nada, sólo continúan alargando. Dejemos de insistir,
es como ir contra la corriente, y nos desgasta porque hagamos la fuerza que
hagamos lo que sostenemos, cae.
Quiero aplicar que aprendí a
decir "adiós"... cuando mi corazón me dice que es el momento....quiero
hacerme cargo de que si pago un precio por aprender, sea lo que decidí sufrir,
lo que decidí aceptar de daño.
Hoy recibí muchas señales..Siempre
pido a Dios señales “palpables” cuando ignoro con omisión mi corazón, y cuando
la razón tampoco puede convencerme. Una señal hace que la balanza pese del lado
del corazón… y me ayuda a justificarla.